El orador

Cuando era un niño pequeño, una vez leyendo la Biblia, que es uno de mis intereses restringidos, sentí que Dios dijo a mi corazón que un día yo hablaría en público delante de cientos de personas. El problema era que yo no hablaba fluidamente con nadie y menos en público. Se me hacía difícil organizar las ideas y expresar mis sentimientos mientras hablaba y más si me dirigía a un grupo, de manera que era ridículo creer que precisamente yo podría hablar en público… pero decidí creer.


Decidí creer aunque no conversaba con mis padres, ni con mis compañeros de clase, ni con nadie. Decidí creer aunque no tenía idea de qué interesante tendría yo para decir. Pero en la lectura aquél día, Dios me dijo que él pondría sus palabras en mi boca. Por eso frecuentemente me veía en mi mente de pie delante de cientos de personas: todos atentos, todos expectantes ante el mensaje, solo se oía mi voz, y aunque no sabía de niño lo que decía en el discurso en el que me veía a mí mismo, veía en mi mente que había silencio y expectativa en la multitud, todo dependía de mis palabras para que el mensaje llegara no solo a los oídos sino a los corazones, y entonces me veía cerrando el discurso con precisión y seguridad y una multitud de personas que se levantaba y me aplaudía de pie conmocionada en lo más intimo por el mensaje.


Pero esto sucedía solo en mi mente porque en la vida real no me expresaba, salvo con frases cortas y concretas. Muchas veces me frustraba por haber dejado pasar una oportunidad por no haber hablado, o me entristecía por no saber cómo expresar mis sentimientos; pero entonces me acordaba de lo que lo que un día Dios dijo a mi corazón y me veía nuevamente en mi mente hablando con soltura delante de multitudes.


Cuando habían pasado más de treinta años de aquel momento en que decidí creer que sería un orador, y todo parecía indicar que estaba equivocado y que aquello había sido un error de mi mente, fui diagnosticado con Síndrome de Asperger y comprendí entonces la razón de muchas de mis dificultades. Desde ese momento comencé una campaña en mis redes sociales para crear conciencia sobre la condición. Un día de 2014 estoy revisando mi Facebook por aquello de mi campaña constante y veo un mensaje que tenía tiempo de recibido. Era de una psicólogo que jamás había oído nombrar, Nancy Polanco, luego de presentarse me pidió que fuera ponente de cierre en una actividad sobre el autismo que estaba organizando.


¿Me dio miedo hacer el ridículo y no saber hacer que el mensaje lleguara efectivamente? Claro que sí, pero mayor era mi necesidad de crear conciencia sobre el Síndrome de #Asperger. Por eso fui a aquella ponencia y allí estaba ahora de pie ante una multitud: y aunque habían en frente de mí cientos de rostros y expresiones, por interpretar, no me concentré en aquello ni en qué pensaban de mí. En mi mente me trasladé al momento en que Dios me habló por aquella lectura siendo un niño pequeño y me veía ahora como me veía hace treinta años en mi mente, era como si Dios me lo hubiese anticipado, entonces me dejé llevar por el mensaje y las palabras fueron fluyendo. Solo se oía mi voz, ¿Estaría llegando mi mensaje? ¿estaría hablando al viento? había silencio y expectativa en la multitud, todo dependía de mis palabras para que el mensaje llegara no solo a los oídos sino a los corazones, y entonces cerré el discurso con precisión y seguridad y vi a una multitud de personas que se levantó y me aplaudió de pie conmocionada en lo más intimo por el mensaje. La gloria es para Dios que hace cosas imposibles.


Aún guardo ese mensaje donde mi ahora amiga Nancy Polanco y piscólogo de @Fundaspie me invito por primera vez a dar una conferencia. Conocí allí también a Iris Marlene Rivero quien se convertiría en mi asistente en Fundaspie, la fundación que formalicé poco tiempo después para canalizar las actividades. Hoy son casi cien los discursos que he dado ante multitudes de incluso miles de personas o también a grupos pequeños y hasta para el exterior me han invitado.


Yo y muchos de los que me leen sabemos que Dios cumplió su promesa a aquel pequeño niño, otros piensan que fue la fuerza de la visualización, el poder psicotrónico, la ley de la atracción o algo por el estilo; pero nadie podrá negar que para los niños con Síndrome de Asperger que hoy no conversan fluidamente hay grandes esperanzas.


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