¿Qué hacer si mi hijo es víctima de acoso por parte de un docente?

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La primera persona con quien debes hablar es con tu hijo, la segunda con el propio docente. Tu hijo debe entender que tiene tu apoyo en una situación de acoso, cualquiera que esta sea, que esto no es algo “normal” y que no hay razón alguna para que sea víctima de acoso por ninguna persona y mucho menos por un docente.  Debes crear un lazo fuerte de comunicación con tu hijo de manera que te mantenga informado de la situación.

Es necesario procurar el entendimiento y la conciliación con el docente, y una vez logrado no descuidarte y hacer seguimiento. En algunos casos extremos es necesario  cambiar al niño de sección o  incluso de colegio para evitarle situaciones desagradables.



Cuando sea imposible una conciliación con el docente y este no  cambie su actitud o se niegue a escucharte, debes dirigirte a la Dirección del plantel, esto incluso en el caso que optes por el cambio de sección o colegio para tu hijo, ya que al dejar un precedente sentado formalmente estás contribuyendo a evitar que la misma situación que pasó tu hijo pase con otros niños también.

En caso de que no recibas la atención debida ni por parte del docente ni por parte de la Dirección del Plantel, dirígete al Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (C.P.N.N.A) en Venezuela o a su equivalente en otros países. En Venezuela este organismo queda en la alcaldía del municipio al cual pertenece la escuela y sus dictámenes tienen el carácter de sentencia y deben ser ejecutados con obligatoriedad. También tienes a disposición el tribunal de menores a donde puedes acudir acogido a la Ley de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (Venezuela). Todas estas opciones más allá de la Dirección del plantel son en caso de que no logres un entendimiento con el docente ni con las autoridades de la escuela. En todo caso nunca dejes solo al niño porque “eso pasa” o porque “tiene que aprender a defenderse solo”. Es verdad que algún día el acoso será parte de su pasado, pero las consecuencias en su personalidad o desarrollo, si no tiene un apoyo adecuado, pueden ser muy traumáticas y durar muchos años o toda la vida.

El bienestar y el ejercicio de los derechos fundamentales de tu hijo  menor de edad y el resguardo y protección de su integridad física y psicológica prevalecen sobre cualquier otro derecho.

Manuel Cedeño
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