Malicia en el Asperger

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Muchas veces he escuchado de personas neurotípicas que los asperger no tenemos “malicia”. Definiendo como “malicia” la facultad de deducir cuando otro te está mintiendo o puede hacerte daño. Esta creencia es verdad, al menos en la mayoría de los casos nos falta mucha “malicia”. Para ilustrarlo cito algunas anécdotas personales:
  • Aunque actualmente tengo mi empresa en manos de mi mamá, durante muchos años la tuve en manos de extraños. Mucha familia me decía que eso no era correcto, que me iban a robar, en fin mil cosas más; pero yo no sentía que fuera así: creo en las personas. Mis empleados abrían la oficina en la mañana, cerraban a final de la tarde, depositaban el dinero, hacían los pagos, cerraban los contratos del día a día y yo no estaba allí con ellos. Confiaba en ellos, y ellos en mí, en mi proyecto e ideas. No se me pasaba el mínimo pensamiento de que me estuvieran robando, me sentía tranquilo. Tanto mis padres, como mi esposa y mi hija pensaban distinto a mí. Mi madre me decía que no podía dejar a los empleados solos, durante años me sugirió que era mejor que clausurara la empresa; mi esposa me decía que yo debía estar allí en la oficina con ellos o al menos poner cámaras, mi hija me decía que mi personal hacía desastres allí… Pero yo no veía nada de eso, me sentía confiado.
En varias oportunidades descubrí que mi esposa, lamentablemente, tenía razón: que el empleado sobre el cual ella me había advertido estaba siendo desleal; cuando eso pasaba lo sustituía y lo reemplazaba por otro al cual le daba la misma confianza. Finalmente todo mi equipo, liderado por el gerente que coloqué se confabuló y alquiló otra oficina cerca, llevándose con ellos contactos, secretos empresariales, lista de proveedores y clientes, etc. Gracias a Dios y al apoyo de mi familia, de esa también me levanté.



  • Otro ejemplo. Una vez estaba buscando un chofer para manejarme un autobús que tenía. Me había quedado sin chofer porque el anterior me había desfalcado con las cuentas de mantenimiento. Ese día, que después de meses robándome, despedí a mi chofer; invertí todo mi tiempo en una parada de buses subiéndome a cada uno que llegaba a la parada y preguntándole al que manejaba si conocían a un chofer con experiencia para trabajar mi autobús. A final encontré un señor interesado, le puse las reglas en claro, y le entregué las llaves de mi vehículo. El autobús era una inversión gigantesca para mí, pero yo no tenía la más mínima sospecha de que el desconocido que estaba contratando me pudiese robar cauchos, batería, etc o el autobús completo. El chofer me comentó un año después que se quedó sorprendido de mi falta de “malicia”, por haberle entregado el autobús así sin referencias y sin conocerlo, el mismo día que lo vi por primera vez. Por cierto, allí surgió una buena relación de trabajo.
  • Otro ejemplo. Un día le entregué mi auto particular a un mecánico desconocido que vi en la calle para que se lo llevara y me lo cambiara por otro, como me lo había ofrecido. No lo volví a ver, ni al mecánico ni al auto.
¿Si me han robado y engañado una y un montón de veces por ser así? Pues sí, pero lo vuelvo a intentar con otra persona y sigo confiando y sigo creyendo, y lo más irónico es que Dios, a pesar de esta deficiencia que tengo, en todo me ha bendecido.
Bien, pensando en estos ejemplos y en muchos otros, diría que sí, que carecemos de malicia. No puedo -por la mirada de alguien, por su hablar o su lenguaje corporal, etc.- deducir que me está engañando.



Por otra parte, no tener esta habilidad de deducir las malas intenciones de los demás no es ninguna virtud ni hace más bueno ni más perfecto a nadie. No tener esta capacidad es más bien una deficiencia, un defecto que debe suplirse bien con el apoyo de terceros u otros mecanismos conscientes, lógicos y estructurados que nos ahorren fracasos y dolor al propio afectado y a la familia.
Manuel Cedeño @SoyAspie @FundAspie