El tipo del baño

0
127

Me parece una locura como muchas personas publican fotos tomadas en el baño; el baño es uno de esos lugares que si bien a veces resulta un pequeño escape, la mayoría de las veces vamos sólo para satisfacer una necesidad biológica… y es que… hay baños de baños en realidad, a poca gente le agrada ir a baños públicos. Sin embargo hay mujeres que arman pequeñas expediciones para ir juntas y puedes oír interminables temas entre un cubículo y otro.

Las madres que andamos con nuestros caballeritos solemos hacer que estos usen el baño de damas “cuestión de empatía femenina”… Además creemos que en cualquier baño de hombres podemos encontrar al violador más buscado del país o a cualquier exhibicionista caprichoso asechando a nuestros pimpollos. ¡Es mejor no correr riesgos! Por eso cuando las damas vemos a los niños en nuestros baños no sucede nada, lo miramos con cautela…pero de ahí no pasa.



Les hablo de esto porque hace unos meses fui a un taller o jornada de formación y me pasó un incidente que me dejó sorprendida. Resulta que el sitio del taller estaba frío y obviamente con esa temperatura era muy difícil controlar las ganas de orinar, sin embargo por los temas sumamente interesantes, me costó decidir el momento apropiado para levantarme e ir al baño, aunque biológicamente necesitaba hacerlo. Fue antes del receso, el clima dio paso a la emergencia y cuando logré llegar observé desesperada que el pequeño sanitario estaba abarrotado de otras damas que al igual que yo estaban urgidas. No tenía muchas opciones, sólo esperar y esperar mientras mi vejiga clamaba por el anhelado desahogo, ¡qué difícil esta situación! ya tenía miedo de llegar a casa con la ropa mojada, pero ya saaaben como somos las mujeres!

En la inmensa cola del baño murmuró una espontánea: “bueno pero aquí lo que hay es un montón de mujeres, de seguro el baño de hombres está solo”, pensé en mi vejiga y decidí que la idea era buena y aunque la mayoría de las respetables damas continuaron en la espera, yo me uní a las dos o tres que decidieron resolver la urgencia usando el baño masculino. Nos acercamos sigilosamente al sanitario y sin sorpresa observamos que no había bulla, ni una larga fila… ¡Qué alivio! No tendría que seguir en espera, la primera chica entró decidida pero se devolvió al notar que había alguien usando el sanitario. – ¡Hay un hombre allí!, respiré con angustia, la urgencia era cada vez mayor. Las mujeres somos decidida, así que otra gritó: “Lo lamento señor el otro baño está muy lleno y necesitamos hacer pipi”. Yo me uní a la expedición y era verdad había un tipo en el baño y estaba allí, de espalda, usaba el urinario… Pensé que siendo inversa la situación cualquier dama se molestaría muchísimo, aaah pero los hombres son harina de otro costal, a esos no les afectan esas cosas… imaginé que hasta el tipo se iba a reír en complicidad con nosotras… pero nooo, no fue así y aquel tipo al notar nuestra invasiva presencia comenzó a darnos una gran reprimenda por abusadoras, yo temblaba entre la pena y el deseo de vaciar mi vejiga, así que entré calladita miré que llevaba una camisa blanca y era alto… Sentí vergüenza por haber entrado, pero al menos ya no tendría que ir hasta mi casa con la ropa mojada, lo cual era un punto a favor. Mientras usaba el baño seguía escuchando sus regaños, estaba realmente molesto, pensé en salir rápidamente pero temía encontrarlo frente a frente y tener que asumir que era yo una de las invasoras. Salí cuando estuve segura de que él ya no estaba, calmé mi pena pensando que era un hecho aislado y sin importancia, al fin y al cabo ese tipo del baño yo ni sabía quién rayos era y no tenía que volverlo a ver y tampoco había visto su cara… Así que relax total y vejiga vacía me fui a continuar en mi actividad.

Caminé nuevamente al auditorio, decidida a olvidar el incidente del baño y la molestia que había ocasionado a aquel hombre que iba tan impecablemente vestido, mis compañeras de travesura ni siquiera eran conocidas para mí, creo que no fijé atención en sus rostros ante la urgencia que demandaba mi vejiga… pero en fin, ellas tampoco asumirían ese error. Me alegraba que el hombre haya estado de espalda, así no tendría que recordar su rostro molesto. Sin embargo mirarlo de espalda fue suficiente para darme cuenta que era él quien miraba las ponencias desde una de las primeras filas, usaba un saco negro, camisa manga larga, corbata y unos lentes oscuros que no tenían mucho que ver con el lugar, ya que el sol no penetraba al auditorio; además de malhumorado, pretencioso el tipo! Pero con preocupación noté que iba a intervenir en el evento, volvió la pena… tranquilizaba mi mente pensando que él no había logrado verme, pero no estaba tan segura. Llegué a imaginar que me denunciaría en público y me acusaría de acosadora o algo así, la vergüenza me azotaba de forma recurrente.

Recordé que estaba en ese evento por mi hijo, su reciente diagnóstico había hecho girar mi vida de forma desproporcionada, no sentía paz, tenía mucho miedo, habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que empezaba a dudar, pensaba en su futuro, pensaba en su estabilidad, en la escuela, en los cambios. Estaba realmente atormentada, el autismo había llegado a mi casa sin ser invitado y yo intentaba estar a la altura de la situación. Y si me encontraba en ese evento, no podía entretenerme pensando en cosas triviales como el asunto del tipo del baño, al fin y al cabo si ese hombre estaba bravo, pues era su problema… yo solo quería hacer pipi.

Los temas del encuentro estaban bien estructurados, compartieron información muy interesante desde el punto de vista de psicólogos, docentes, familiares y yo me sentía complacida de haber asistido. Ya casi para finalizar presentaron al un tal Manuel Cedeño, quien resultó ser el hombre del baño, intenté acurrucarme en la silla para que no me acusara, la presentadora dijo que ese hombre estaba diagnosticado con Síndrome de Asperger, una forma de autismo y allí empecé a entender el motivo de su reacción ante el hecho que unas damas entraran a un baño masculino, lo cual era algo totalmente inapropiado. La vergüenza se transformó en culpa, ya que yo suelo ser una luchadora sin descanso por los derechos de mi hijo y precisamente yo tuve que formar parte de esta agresión a la privacidad de ese señor. ¡Qué mal llegué a sentirme! Decidí que al finalizar el evento yo ofrecería disculpas a aquel hombre, al cual pensé que no volvería a ver.

Toda la información que recibí ese día tiene mucho valor, pero escuchar al tipo del baño rebasó mi expectativas, su mirada era esquiva, su forma de hablar era diferente, muy formal, su tono de voz era fuerte, el auditorio callaba visiblemente impresionado ante las vivencias que nos compartía aquel caballero… creo que nadie habría podido imaginar que en algún momento tuvo dificultad alguna para comunicarse, escuchar su testimonio fue suficiente para quebrantarme y estallar en llanto… Si ese hombre era capaz de transmitir tanto en sus palabras entonces había una esperanza de futuro para mi Luis, si ese hombre tenía familia, hijos, esposa y llevaba una vida totalmente normal; pues mi hijo también podía lograrlo. Miré a mi alrededor y vi que la gran mayoría de los asistentes estaban conmovidos antes las vivencias de Manuel.
Sentí que sus palabras estaban especialmente dirigidas a mí, porque además de encender mi fe, me hicieron reflexionar… A veces me cuesta entender a mi hijo, de modo que escuchar su relato era enriquecedor para mí, daba gracias a Dios por haber permitido que pudiera llegar a ese evento sin ser invitada (gracias Nancy) ya que estaba dirigido a docentes de aula y docentes especialistas.

Cuando finalizó la actividad decidí cumplir lo que me había prometido a mí misma, ir a ofrecerle disculpas a aquel hombre que ya no parecía tan malhumorado y esperé para disculparme y lo hice (aunque él dice que no se acuerda) pero la finalidad de este escrito no es otra que darle gracias a Dios por ese encuentro que comenzó en un baño maloliente, pasado el tiempo mi situación es otra y si en aquel momento iba totalmente desesperada hoy Dios ha transformado esa desesperación en fuerza para otras madres que están viviendo lo que yo viví… El poder de Dios está en todas partes y hoy yo me encuentro apoyando al hombre del baño en su fundación y aprendiendo día a día que Dios se glorifica en nuestras debilidades.

Escrito por: Iris Marlene Rivero