El #Asperger y el contacto físico

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El viaje en autobús
Hace años cuando viajaba diariamente en bus treinta y cinco kilómetros, ida y treinta y cinco kilómetros retorno para ir y volver del trabajo, sufría mucho en el camino porque apenas arrancaba el bus o a veces antes de ponerse en marcha, sentía una rodilla rozando la mía, eso me incomodaba mucho; le pegaba un pequeño empujón con la mía y la apartaba; luego era una codo, una mano … el cuerpo completo, ¡Dios mío! ¿Por qué no se sentará de una vez encima de mí?. Ah, y cuando se sentaba a mi lado una madre con su niño encima era peor: las pataditas y manotones del niño, y los codazos de la madre todo el camino …

Veía alrededor y todo en paz, todo tranquilo. Pareciera que aquello me ocurría sólo a mí, era exasperante, era como una confabulación del destino para no dejarme en paz las dos horas de viaje (había mucha cola a esa hora). Quería relajarme, dormir (porque era de madrugada o de noche), descansar o leer, pero no podía porque se empeñaban en sobarme, tocarme, rozarme ….



Cuando me sentaba del lado del pasillo del bus en lugar de en la ventana, entonces la única persona que iba de pie en todo el autobús pues se recostaba de mí para viajar más cómodo. ¿Parezco un cojín? ¿Una pared? ¿o qué?. ¿Por qué siempre se me tienen que recostar? ¿por qué a mi? .
Comencé entonces, no soportando en absoluto la situación que me dejaba agotado mentalmente al llegar a mi destino, a pagar dos puestos, aún en contra de mi economía; sólo así podía viajar tranquilo y relajado sin tanto estrés. Ni a una modelo que me pidiese arrimarme para sentarse la dejaba sentar, le decía “está ocupado”. ¿Qué sentido tiene dejarla sentar por más bella que sea? Ella lo que quiere es viajar, no compañía, ni buscar un amigo; pues que se siente en otro lugar, viaje tranquila y yo también.

Mucha gente me miraba con mala cara (no sé si rabia, envidia, simplemente curiosidad ya que eso no era común) la cola de pasajeros para subirse a los buses era muy muy larga y habían pocos buses, pero aún así yo pagaba dos puestos. Quedaba gente haciendo la cola esperando que llegara un atubús y yo pagando dos puestos, pero era una cuestión casi de salud para mí. Algunos murmuraban en voz alta “si quiere ir cómodo, por qué no se va en taxi?”, “¿qué se cree?” y cosas así. Pero yo me hacía oídos sordos, “necesito llegar a mi trabajo y no puedo viajar con alguien tocándome y sobándome todo el camino” pensaba.

Viajando cómodamente (cuando empecé a pagar dos puestos) y observando a mi alrededor entendí por lógica que aquello no me pasaba sólo a mí, a todos se les recuestan, los rozan, los tocan y se les sientan madres con niños encima que dan golpecitos con la punta del pie durante todo el camino. ¿Y por qué todo el mundo no paga dos puestos entonces? Por falta de dinero no es porque algunos no podrán pero la mayoría sí puede pagar dos puestos. Hasta hoy le he seguido insistiendo a mi esposa que cuando vaya en bus (lo hace todas las mañanas) pague dos puestos, pero para ella eso parece no tener ninguna importancia y no lo hace a pesar de que tiene dinero con qué hacerlo. No podía comprender porqué  …. hasta ahora.

Hablando con una aspie de Paraguay (Fátima), me hizo caer en cuenta del por qué eso que sentía al viajar y por qué no todo el mundo paga dos puestos como yo: los asperger tenemos cierta dificultad con el contacto físico y lo que para nosotros en ese sentido es insoportable pues para la mayoría tiene muy poca o ninguna importancia o aunque les moleste lo toleran más, incluso hay algunos aspie que toleran mucho más el contacto físico que otros, así como algunos toleran más el sonido o la luz solar que otros. Hasta ahora no entendía esa actitud mía y hasta me culpaba, pero ahora me entiendo y me perdono.

El caimán
Un cierto día, fui a casa de mis padres y vi a mi papá (que ahora sabemos que también es asperger) con una franela rota. Aunque es aceptable pues estaba en su casa a puerta cerrada, me extrañó porque nunca lo había visto, ni aun cuando yo era niño, con una franela rota, más bien andaba muchas veces sin franela en la casa y a veces sólo en interiores, pero nunca con una franela rota. Por eso me hizo gracia y le señalé el hueco de unos tres centímetros en la franela a la altura de la tetilla izquierda. Él me explicó que allí tenía cocido el caimancito-logo y le molestaba su roce con la piel, entonces sencillamente tomó una tijera y le abrió un hueco quitando el emblema de la marca con todo y tela y problema resuelto, entonces usaba su franela nuevecita pero con un hueco. Sólo ahora puedo entender cosas como estas, no he visto que nadie más haga una cosa así.

Aclaratoria: Tengo que aclarar, que cuando algo me molesta por mis afectaciones no hago un berrinche ni me da un ataque como nos dibujan en muchos programas de tv donde la persona adulta con asperger grita fuera de control “¡no me toques!”, aunque existe todo tipo de personas, esto es una exageración de la realidad. Cuando viajaba pagando sólo un puesto sentía en lo más profundo de mi mente el más ligero roce y eso no me dejaba relajarme, me incomoda mucho y me causaba tensión, entonces igual que mi papá buscó una solución abriendo el hueco en la franela, yo lo hice pagando dos puestos, pero nunca armé un berrinche por esto.

En aquella época no entendía por qué sentía estas cosas, sólo sabía que no podía soportar a un desconocido recostado de mí dos horas. Hay incluso personas con autismo con mayor sensibilidad al tacto, he sabido que algunas personas con autismo severo andan completamente desnudos en su casa por la molestia que les causa el roce de la tela con la piel. Mi esposa tiene que estar pendiente que mi cuñada, que tiene autismo severo y ahora vive con nosotros, no ande sin ropa porque si la dejan lo hace, ahora entiendo por qué.

Hoy día, después de descubrir el Asperger, por fin entiendo tantas actitudes mías o de mi familia que antes no podía entender. Gracias, Dr Hans Asperger, muchas gracias.

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