Asperger y contacto visual

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Uno de los rasgos más notables a simple vista que tenemos las personas con síndrome de Asperger, no para quienes lo portamos, sino para terceras personas, es el deficiente contacto visual. Esta característica es común no sólo en el síndrome de Asperger sino en todo el espectro autista. No aparece de repente en nuestras vidas, sino que se manifiesta desde la infancia más temprana. Una madre debe estar alerta si al amamantar a su hijo, este no la ve a la cara o el contacto visual no es el esperado, esta es una señal que no debe ignorarse. Digo que esta es una característica notable para terceras personas y no para quienes portamos el síndrome, porque por lo general no somos conscientes de esta afectación hasta que alguien nos las hace notar. En cambio que nuestros interlocutores, desde que somos muy niños notarán que “algo raro ocurre”. Debido a esto, niños con poca sensibilización pueden sentir “tentación” de discriminar o acosar a un niño que no lo ve a la cara cuando le habla.

Hay que advertir, sin embargo, que hay niños con el síndrome que no manifiestan esta afectación; ellos, naturalmente, ven a los ojos como lo hace cualquier otro niño. Son casos excepcionales, algunos padres me han reportado dichos casos, por lo tanto, el hecho de que no se tenga esta afectación no quiere decir que no se tenga el síndrome. Cuando el que no mira a la cara es un adulto, el adulto interlocutor, si no conoce sobre el espectro autista, tenderá a pensar que el otro no lo ve porque tiene miedo, le está mintiendo o esconde algo.



Una de las razones por la cual tenemos que entrenarnos en mirar a los ojos es que nuestra manera diferente de procesar, decodificar y codificar la información que escuchamos, hace que sea abrumante percibir el mensaje (auditivamente) a la vez que se reciben señales visuales (gestos, microgestos, movimientos, guiños, sonrisas, posiciones de la boca, movimientos de los ojos, etc). Lo que para el común de las personas es algo totalmente natural y o hacen de manera instintiva debido al sofisticado sistema de decodificación gestual que tienen, para nosotros es todo un reto que puede resultar muy agobiante, por lo que desde niños, optamos de forma natural por no ver a los ojos mientras nos hablan o hablamos; es un mecanismo que nos facilita el proceso de codificación y decodificación del lenguaje.

Cuando yo era niño, aunque no era consciente de ello, jamás realizaba contacto visual. Veía al piso, a un lado, o máximo la boca; pero nunca a los ojos, ni si quiera cuando veía TV miraba los ojos del personaje, de manera que no era por miedo al interlocutor o timidez como muchos pueden creer, porque en la TV no había un interlocutor real con quien interactuar ni a quien temer. Tampoco era para leer los labios y entender más claro que veía a la boca a los personajes de TV, puesto que se trataba de caricaturas dobladas del inglés al españo; entonces esta tampoco era la razón, la razón es la arriba explicada.

Cuando cumplí doce años de edad, además de la Biblia, comencé a leer la Enciclopedia Universal Autodidacta Quillet que tenía diversos temas como dinosaurios, geografía, historia, idiomas y muchas cosas más. La primera área del saber de esta enciclopedia, en el primer tomo, se llamaba “Para Triunfar en la Vida”. Leí completa esta sesión, entre otras, y una de mis mayores revelaciones fue que en “Para Triunfar en la Vida” había que MIRAR A AL INTERLOCUTOR A LOS OJOS, fue sólo en ese momento cuando caí en cuenta que yo JAMÁS lo hacía y comencé a hacer algunos ejercicios allí recomendados primero con mi propia persona en el espejo, luego con los personajes de tv y finalmente con mucho esfuerzo y disciplina con las personas de verdad.

Han pasado muchos años y aún hoy no me resulta natural, pero lo hago. Eso sí, siempre conscientemente, debo repetirme en mi mente:
– Mira a los ojos, mira a los ojos-  es una acción estudiada y autoimpuesta, pero que da buenos resultados.

Ahora bien a pesar de que yo estudiando una enciclopedia de forma autodidacta caí en cuenta de mi afectación y decidí superarla, hasta donde pude, esto no pasa con todos los chicos, la mayoría necesitan el apoyo de sus padres, tutores o terapeutas para superarlo y darse cuenta. Mientras más pronto lo trabajen mejor.

Si bien mirar a los ojos reduce considerablemente nuestra atención y nos distrae mientras hablamos, es necesario aprender a hacerlo y ejercitarse en ello, ya que las personas que no pertenecen al espectro, tanto niños como adultos tienen a mal interpretar esta conducta lo cual puede traer acoso, incomprensión, distorsión en la comunicación, pérdida de oportunidades y en general una mayor dificultad al socializar.

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